Cadenas de suministro y más allá.

Entendiendo que el daño causado por el COVID es algo que apenas podemos dimensionar desde el ensimismamiento de nuestros propios dramas, también debemos entender que ya no es tiempo de lamernos las heridas y darnos golpes de pecho. Como dirían coloquialmente, lo que fue fue. Es hora de comenzar a construir el futuro que queremos y no dejarnos llevar simplemente por la estela de esta dramática inercia que sin duda va a dejar profundas heridas en nuestro tejido personal y profesional.

Paso a paso debemos caminar conjuntamente hacia esta nueva era, no solo para convertirnos en sobrevivientes de esta crisis sino para fortalecer nuestra resiliencia y que todo lo que hemos sobrepasado no haya sido en vano. Como muchos otros momentos en la historia, hemos sido llamados a asumir un reto de proporciones inimaginables, este es nuestro cuarto de hora, este es el único momento que importa, dónde nos exigimos rescatar lo mejor de nosotros mismos para vernos proyectados en la realidad que añoramos y no en la que tememos.

Afrontar nuestra fragilidad como especie es un cambio de paradigma complejo para todos nosotros, considerando que en gran parte de este siglo hemos vivido bajo una falsa capa de invencibilidad, nos va a tomar un tiempo reconocer que de un solo golpe la naturaleza nos puso en nuestro lugar. Para esto, vamos a necesitar generar un cambio desde donde estemos, en el contexto que nos sea posible, en la profundidad que seamos capaces de asumir. No importa como lo hagamos, todo vale, porque lo único que no es aceptable es la complacencia y esperar que alguien más se haga cargo de los líos a los que todos hemos aportado.

Desde la industria y el sector privado consideramos que es nuestra responsabilidad y deber re-definir las cadenas de suministro que tanto han aportado a todos estos fenómenos, desde la brecha social hasta la afectación del medio ambiente. Esta transformación estructural de cómo hacemos negocios y cómo nos relacionamos tiene la capacidad de generar un impacto social profundo para todos los que activamente decidamos tomar parte de este proceso de reforma. Queremos ser claros, no estamos hablando de caridad ni de “ayudar”, estamos hablando de generar cadenas de suministro fuertes, capaces de resistir cambios inesperados, una realidad donde el encadenamiento industrial no sea un plan a 5 años sino una realidad del presente.

Para aquellos que la responsabilidad social aún no los convence, tengamos claro que el costo de tener cadenas de suministro que no sean sostenible en el largo plazo es un ejercicio costoso y tortuoso. Según Mckinsey Global Institute, 45% del EBITDA de una empresa se puede perder a lo largo de una década por disrupciones en las cadenas de suministro. Puesto de otra manera, una demora de 30 días en el suministro de materiales puede llegar a costar entre 3% a 5% del margen EBITDA del año.

Cierres de fronteras, cambios en las especificaciones de bioseguridad, alteración en las rutas marítimas, más de 90% de la flota aérea en tierra, cuarentenas nacionales entre muchas otras circunstancias nos llevan a preguntarnos cuánto valor dejamos en la mesa este año por no tener cadenas de suministro flexibles y ágiles. Donde sea que encuentren la motivación seamos conscientes que desde la empresa privada hay mucho por hacer.

En este orden de ideas necesitamos comenzar a pensar más allá de las empresas, necesitamos pensar como sectores, el fraccionamiento de nuestros sistemas de producción dificulta no solo la logística de nuestros procesos económicos, sino que minimizan los márgenes operativos y ponen en riesgo la proveeduría de nuestras materias primas a largo plazo.

Con esto en mente, consideramos que una respuesta efectiva a esta creciente problemática es fortalecer nuestras cadenas de suministro locales, y aunque esto requiere paciencia, es el momento de hacer el trabajo que no hemos hecho en los últimos 40 años de industrialización. Necesitamos dejar atrás los modelos de negocio basados en la competencia de los precios y comenzar a generar modelos de negocio basados en el valor agregado de la diferenciación. De esta manera podremos encontrar razones de fondo para apoyar a la industria local, aportando al mejoramiento de sus procesos y así dejar poco a poco la dependencia en las cadenas globales y así forjar la reconstrucción de nuestra economía en paradigmas de bienestar mutuo.

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