Desglobalización

Hemos pasado los últimos 50 años generando políticas gubernamentales que apoyan las cadenas de suministro globales, la especialización de las economías domésticas y el valor agregado de aglomerar esfuerzos para generar productos sin delimitaciones nacionales. Este ha sido el sueño de muchos, que los límites físicos, económicos y comerciales desaparezcan para dar paso a una realidad global donde produzcamos a costos más eficientes y vendamos a mayores márgenes. En el mundo pre-COVID se habían implementado 420 tratados de libre comercio en diferentes versiones y profundidades. Esta verdad que nos ha acompañado durante varias generaciones se desmorona frente a nuestros ojos y necesitamos un nuevo sueño global que se adapte a la realidad en la que vivimos en la cual a pesar de los problemas tendremos que convivir con diferentes ciclos de pandemias dentro del ciclo natural de nuestras vidas.

La interconectividad del comercio es algo que se adaptará a nuevas reglas de bioseguridad y a las normas de ingreso a los mercados objetivos, sería insólito que en el 2020 no tuviéramos acceso a productos del mundo entero. Dicho esto, lo que se hace evidente es que la vulnerabilidad de tener cadenas de suministro extendidas por el mundo entero no es sostenible en una realidad donde las pandemias nos son ciencia ficción y el cierre de las fronteras es algo que puede pasar en un abrir y cerrar de ojos. Esto nos deja con profundas dudas respecto a la transformación que debemos generar para salvaguardar los procesos de producción locales y cómo hacerlo de una manera que sea efectiva para el desarrollo económico de los diferentes países.

Inevitablemente el hashtag #compralocal pasa de ser la voluntad de algunos pocos por amor a lo “indie” y pasa a ser una necesidad prioritaria para todas nuestras industrias. Esto significa que el poder de producción de China se desvanece y vamos a tener que competir por menos materia prima a mayor valor en los mercados más cercanos, esto nos exigirá fortalecer la inversión en industrias que habían quedado relegadas por ineficientes y más aún significa que la baja productividad industrial a la que nos habíamos acomodado tendrá que ser erradicada si queremos re-construir la economía.

En términos prácticos esto significa que el plan de ponernos al día en términos tecnológicos, operativos y en productividad no se puede seguir aplazando esperando que alguien nos venga a solucionar el problema que solo nosotros podemos gestionar. El PIB por hora promedio en Colombia es de USD 11,23 mientras que en México es de USD 21,6 y en EEUU es USD 72,0. Este será uno de los retos más grandes de nuestra era, cerrar la brecha de productividad es la primera fase de desarrollo que necesitamos afrontar para poder dar inicio a una nueva estructura en las cadenas de suministro donde podemos abastecernos de manera efectiva y comercializar productos innovadores y de valor agregado para gestionar nuevos tejidos económicos re-nombrados globales.

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