La equidad, ¿para qué?

De manera cíclica nuestras sociedades afrontan temas de relevancia que exigen nuestra atención. Generalmente, estos no son momentos de realización de una gran injusticia, sino el resultado de un cansancio colectivo frente a las problemáticas que se ha estancado en nuestras fibras y no nos permiten avanzar.

Por supuesto que siempre habrá retos subyacentes en nuestras sociedades, la inigualdad, pobreza, enfermedad, entre muchos otros, han estado y seguirán estando presentes a lo largo de nuestra historia. Aunque esperamos que con el tiempo tengan una menor afectación en la población global, nunca podremos erradicar totalmente estas realidades tan propias de la existencia humana.

Dicho esto, hay temas que no tienen por qué seguir siendo parte de nuestra realidad colectiva y debe ser nuestro compromiso común fortalecer la respuesta que damos para su solución. Reconocemos que hay muchas causas esenciales para diferentes grupos pero dado que esta semana se celebra el día internacional de la mujer, creemos que es importante darle una mirada a la problemática de la equidad de género.

La realidad es que la desigualdad de género no es un tema que solo afecta a las mujeres, la disparidad nos afecta a todos, generando impactos profundos sobre nuestras comunidades y la manera en la que gestionamos el desarrollo de las mismas.

Colombia ocupa el lugar número 22 en el ranking de la brecha de género, esto significa que muchas de nosotras tenemos el privilegio de no sentirnos discriminadas por ser mujeres, por lo menos desde la perspectiva legal. Dicho esto, estoy segura que como yo, todas tenemos alguna experiencia donde el ser mujer nos ha pesado de una manera u otra. Es cierto que comparado a otros países donde las mujeres todavia no tienen los mismos derechos de herencia que los hombres ni se cuenta con leyes que las protejan contra violencia física, nosotras estamos en el espectro más avanzado de la equidad. Dicho esto, todavía hay mucho por hacer.

Tomemos una estadistica base, a Mayo 2020 según el DANE, la brecha salarial entre hombres y mujeres era de 12,1% con discrepancias más notorias según las características de diferentes grupos. Por ejemplo, en el rango de 45 a 54 la diferencia es de 15,4% y en mayores de 55 es de 21,4%. No siempre es evidente como este punto aparentemente sencillo desata una serie de problemáticas profundas.

Pensémoslo así, el ganar menos de manera individual es algo casi irrelevante, pero ¿que pasa cuando este fenómeno puntual y sus efectos se multiplican? Necesariamente se vuelve parte de la fibra social y finalmente en la forma en la que nos comportamos como grupo y también FRENTE a un grupo particular.

Finalmente lo que estamos diciendo es que el ser mujer tiene un valor menor al ser un medio de producción con menos capacidad económica, esto no pareciera un tema trascendente en un mundo donde la violencia contra la mujer está en aumento y que aún es aceptada en sociedades cercanas y lejanas, pero lo es.

El argumento es que esta discrepancia en los ingresos es una de las bases primordiales que da pie para que la mujer ocupe un lugar de segunda categoría en muchas áreas de la vida cotidiana. No tener acceso a los mismos ingresos ni a las mismas oportunidades, o en muchos casos que no se les reconozca el mismo pago por el mismo trabajo, es una problemática que abre la puerta a una serie de problemáticas base.

Si no le damos la misma oportunidad a las mujeres de gestionar su independencia a través de la igualdad salarial seguiremos perpetuando una cultura donde más del 50% de la fuerza laboral se encuentra desmotivada y sujeta a una desigualdad que sin duda tendrá una afectación negativa para la sociedad del futuro donde se prevé un necesario incremento en la participación femenina.

La disparidad de género es algo que se arraiga en la cotidianidad, y por eso debemos comenzar a cambiarla hoy, desde nuestros lugares individuales y así dejar las excusas para que alguien más se haga cargo de lo que está en nuestras manos transformar.

La brecha salarial no es algo que no vamos a cambiar de un día para otro. Lo que si podemos comenzar a hacer es cambiar el discurso sobre el género con pequeños actos de conciencia donde conjuntamente aceptamos que los hombres y las mujeres somos diferentes y que eso no hace a ninguno más ni menos que el otro. De esta manera podemos aceptar desde la humanidad que nos une que potencializarnos mutuamente es lo mejor para el futuro que sin duda seguiremos construyendo juntos.

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