La vida después del COVID – 19

Es claro para todos que la vida nunca volverá a ser la misma, la profundidad de los cambios sociales y económicos a los que nos vamos a afrontar en los próximos meses y años no tienen precedente en la historia. Aunque hemos sobre pasado epidemias en el pasado, incluyendo muchas que han sido infinitamente más devastadoras para la vida humana, nunca habíamos afrontado una pandemia que esta magnitud en el nivel de interconectividad que nos ha unido durante las últimas décadas.

Cadenas de suministro interrumpidas, prohibición de viajar, impedimentos de movilidad cotidiana, miedo a los demás, líneas de producción cerradas, colegios y universidades digitales entre muchas otras nuevas realidades nos dan evidencias claras que tenemos que forjar una nueva “normalidad”.

Los gobiernos, en general, pero particularmente los de las economías emergentes no tiene el musculo económico para convertirse en un “estado de bienestar” de la noche a la mañana. Si no hay industria para generar empleos y pagar impuestos no tenemos como sostener tasas de desempleo de dos dígitos a mediano plazo, y pareciera contra producente pedirle al sector bancario, adverso al riego, que asuma el solo esta situación fortunita. A pesar de la liquidez que le está inyectando el Gobierno, esto puede llevar a deteriorar aún más la cartera bancaria dada las medidas que se han tomado para aliviar a los deudores tanto a personas como empresarios. No hay respuesta fácil, consideramos una forma de apoyar esta situación es asegurando la sostenibilidad de las empresas para que puedan mantener el ciclo de empleo y pago de impuestos, a través del capital privado por medio de soluciones novedosas como Fondos privados de deuda o vehículos de propósito especial que permitan llegar a las empresas con recursos frescos y reducir así sus acreencias con el sistema financiero. Creemos que a largo plazo va a ser esencial para la población más vulnerable que todos podamos volver a trabajar y a consumir para darle la vuelta al ciclo económico que, aunque incierto ya huele a recesión.

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