Salvaguardar los motores de empleo

Hay historias muy inspiradoras de grandes transformaciones empresariales que a veces nos llenan de admiración y que de igual manera nos pueden generar grandes frustraciones. No es fácil llevar acabo los cambios necesarios que nos exige afrontar una fase de iliquidez y/o insolvencia, pero por supuesto hay factores externos que pueden determinar en parte nuestra probabilidad de éxito.

Uno de esos factores es el tamaño. Entre más grande sea una empresa, más impacto puede tener su potencial liquidación sobre el ecosistema al que pertenece. Esto genera afectaciones negativas en todos los que tengan intereses dentro de la empresa, incluyendo  empleados, proveedores y acreedores, al igual que indirectamente los gobiernos. En el caso de los empleados debemos tener en cuenta que particularmente en las economías emergentes la movilidad laboral es mínima. Esto se debe a un cumulo de retos en el desarrollo industrial que limita la reabsorción de estos trabajadores, en este sentido, está en el interés de todos que las empresas que generan un gran volumen de empleo salgan adelante después de una crisis. En línea con esto, los proveedores y/o acreedores que tienden a ser empresas de menor escala, se ven debilitadas cuando su contratante y/o cliente no solo no puede cumplir con los pagos pasados, sino que a futuro no seguirán generando ingresos dentro de la cadena de suministro. Desde la perspectiva gubernamental, las entidades responsables tendrán que dar solución a estas problemáticas dentro del marco burocrático de la insolvencia. Esto significa tener que sopesar los efectos negativos de esta situación al mismo tiempo que deja de percibir los ingresos tributarios de un medio de producción que tendría que dejar de operar.

Por las razones anteriores y muchas más que podríamos complementar, hay una notoria tendencia a ayudarle a estas grandes empresas de manera activa, tanto desde las entidades gubernamentales como desde las privadas. Un ejemplo de nuestra historia reciente es el caso de Avianca, a quien el gobierno trató de inyectarle alrededor de 300 millones de dólares para solventar el flujo de caja que amenazaba la continuación de operaciones de la empresa. Entendemos que esta propuesta fue controversial y finalmente nunca se materializó, pero la realidad es que este tipo de soluciones aunque son complejas, son importantes. Darle a las empresas mecanismos alternativos de financiación para solventar los problemas mencionados y darle prioridad a la necesidad de salvaguardad el empleo debe ser un objetivo gubernamental claro, especialmente en la coyuntura actual. Para el inicio de la pandemia en el 2020 Avianca generaba 16,725 empleos que hoy, solo se encuentra operando a 40% de su capacidad operativa y sin una ruta clara para restablecer la industria aeronáutica, aún se encuentran en riesgo. Dado que el empleo es la base del consumo que a su vez le da vuelta a todos los otros sectores de la economía, es de vital importancia que lo cuidemos y esto significa estabilizar a los grandes empleadores del país.

Aunque en Colombia pareciera loco pensar que el gobierno pueda inyectar capital para rescatar una empresa con el propósito de mitigar el impacto de su pérdida, esto este evento es común en economías como EEUU y Europa. En el 2009 General Motors (GM), la empresa de manufactura automóvil más grande de EE.UU entró en bancarrota, casi 100 años después de ser fundada, con más de 200,000 empleados, e ingresos superiores a los 28 Billones de dólares, la perdida de esta empresa representaba un problema social que el gobierno no podía dejar que ocurriera. Para darle continuidad a la empresa y salvaguardar todas las personas cuyas vidas dependían de esta, el tesoro americano invirtió 50 billones de dólares directamente en la empresa más 17 billones en su división de financiación. Actualmente GM no solo logró mantener a sus empleado sino que creció sus operaciones en 2016 a 225,000, en el 2020 fue de 180,000 como resultado de la venta de algunas de sus divisiones. Además de esto, logró sobre pasar los 9 billones de unidades producidas (entre carros, camionetas y SUVs) fortaleciendo su cadena de suministro y cumpliendo con sus compromisos operativos y financieros.

Evidentemente la intervención del gobierno en casos particulares le hace bien no solo a las empresas sino a la economía. Nuestra postura es que más que criticar que los gobiernos ayuden a las grandes empresas ya que son necesarias para mantener en movimiento todo el ecosistema, lo que debemos hacer es exigir que se apoyen iniciativas que puedan apoyar de una manera efectiva a las empresas medianas y pequeñas. Es cierto que de manera individual las PYMEs no son grandes empleadores, pero dado que son la masa crítica de nuestro tejido empresarial debemos proveerles soluciones contundentes ya que como aglomerado son y seguirán siendo el empleador más importante de nuestra economía, si no las salvamos a ellas no vamos a tener medios para levantarnos del golpe de esta coyuntura que apenas comenzamos a sentir.

Share: