Los bancos qué

Independientemente de sus inspiradoras propagandas y frases emotivas, las instituciones bancarias son difíciles de querer. Esto sin importar todas las oportunidades que nos brindan para comprar carro nuevo, adquirir la casa que necesitamos, irnos de viaje cuando no hay nada en la cuenta de ahorros o comprar la nueva maquina para atender el mercado del momento. La realidad cotidiana para la mayoría de los usuarios bancarios no es de agradecimiento sino de continua frustración porque en los momentos más vulnerables sentimos que nos dan la espalda.

Continuamente necesitamos algo de ellos, que nos aumenten el monto crediticio, que nos extiendan el plazo, que nos mejoren la tasa y ante todo que entiendan nuestras circunstancias que para cada uno de nosotros es única y especial. Todo esto es justo desde la perspectiva del individuo, pero la realidad es que las entidades bancarias son una industria, que como todas las otras, necesitan producir márgenes no solo para seguir creciendo sino para poder continuar prestándonos los servicios que todos necesitamos en mayor o menor medida.

Imaginemos un mundo sin crédito, donde vivimos exclusivamente de lo que tenemos en efectivo y lo que esto significaría para una sociedad que ha basado su existencia en estas antipáticas líneas de crédito, no solo para consumir en exceso sino para sobrevivir en la cotidianidad. De pronto desde esta perspectiva podemos entender la necesidad de reconocer el profundo efecto que tendría sobre nuestra vida diaria la crisis bancaria que sin duda tenderemos que afrontar en los próximos meses y años.

Aunque para muchos de nosotros la crisis del 2008 pareciera una memoria distante, es importante saber que fue la base de la transformación de la industria bancaria (Basel III, 2014) que llevó a las nuevas mediadas de aseguramiento patrimonial que conocemos hoy, esto con el objetivo de medir la exposición al riesgo y evitar que la industria se volviera a desplomar causando daños irreparables. El riesgo de los bancos que cumplen con los acuerdos de Basel se mide por el indicador CET1 (Common Equity 1) cuyo umbral de tolerancia es del 4,5%. Sin preocuparnos por las matemáticas detrás de la fórmula, lo que debemos saber es que la división de los activos líquidos por los pasivos recuperables deben estar por encima de este margen, ya que el mal llamado “colchón” le permite a la entidad responder a los cambios súbitos en las condiciones del mercado.

El promedio de los bancos mantenía un CET1 entre el 12% y el 14% en el 2019, según las proyecciones más optimistas, ante una recuperación del PIB Global en el 2022 este margen se podría contraer a un rango entre el 8% y el 10%. Para los que, como nosotros, creemos que esta recuperación está más cerca al 2023- 2024 el deterioro del indicador podría llegar a estar entre el 5% y el 6%.

Llevándolo de lo abstracto a lo cotidiano, esto significaría que la cartera de los bancos tendrán un impacto fuerte, largo y tendido en los años que vienen. Actualmente, según Asobancaria, se deberán congelar 9 billones de pesos más en el transcurso del año, aparte de los 2,2 billones que ya están congelados, para cubrir los recursos de la cartera riesgosa que se proyecta pasará de 8,9% a 24,2% como resultado de la afectación económica de la pandemia.

El reto que afrontamos es llegar a un balance que nos permita apoyar al consumidor final con alivios financieros y no asfixiar al sector bancario. Necesitamos que los bancos puedan seguir colocando créditos para poder seguir consumiendo y a su vez generar un momentum económico que pueda sostener la industria y los empleos que finalmente son los que nos permitirán estabilizar la economía a mediano plazo. La teoría pareciera evidente, el problema es que no hay suficiente para cubrir todas las necesidades que apremian a tantas personas a la vez. Entendemos que es casi imposible conciliar donde poner nuestros escasos recursos. ¿Subsidiamos las necesidades inmediatas o usamos los recursos para construir el futuro próximo a través del sector financiero?

En cualquier caso, alguien va a perder y sin importar que elijamos pareciera inevitable que nos vamos a equivocar. Dicho esto, consideramos que lo peor que podemos hacer es no comprometernos a una acción clara y contundente ya que como cualquier colombiano bien lo sabe, no hay nada peor que una situación que no sea es ni chicha ni limonada.

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