Los que no fracasan son los que no intentan

Ante todo, queremos darles un parte de tranquilidad respecto a todas las dificultades que están afrontando o que han afrontado y compartir con ustedes la certeza que no están solos. Somos muchos los que hemos han caminado este misma trocha, afrontado estos mismos retos y encontrado la salida; al igual que lo harán ustedes sin importar donde estén parados.

El resumen pre-operativo de lo que hemos aprendido:

  1. Todos los que emprendemos fracasamos en algún momento. Reitero, TODOS sin importar lo que digan las redes sociales. Esto pasa de ser desafortunado a afortunado, dependiendo de la templanza con que lo asumamos y de la resiliencia que despertemos. Las crisis son inevitables y a pesar de su tono gris – a veces negro – son las mejores oportunidades para aprender y seguir adelante fortalecidos.
  2. La transformación continua es la única manera de sobrevivir tanto como individuo, como familia y como empresa. Recordar que la vida es cambio constante y que permanecer estáticos es la manera más rápida de llegar al fracaso.
  3. Entender la diferencia entre los problemas de una empresa familiar y una familia empresaria es la base para resolver los retos reales que afrontan cada una de estas entidades.

Sobre estos pilares básicos hemos construido el profundo apasionamiento que sentimos por las segundas oportunidades, porque la realidad es que los únicos que no fracasan son los que están paralizados por el miedo de moverse y eso en si – conceptualmente – es el único fracaso que no tiene remedio. Los que decidimos asumir los riesgos y afrontar la fascinante incertidumbre de emprender vamos a conocer en mayor o menor medida el fracaso, esto es un hecho y no hay nada malo asociado a el, solo lo que emocionalmente interpretemos de esa circunstancia mundana.

En 1914 Thomas Edison (inventor del bombillo y del fonógrafo entre cientos de otras cosas) tenía 67 años y hacia las 5.30am una explosión comenzó un incendio que destruyó la mitad de las fábricas en las que desarrollaba un gran número de sus productos, dejando USD 23 millones de dólares (de ese momento) en daños y la perdida incalculable de años de trabajo. La reacción de Edison no fue de rabia ni decaimiento, fue una respuesta moderada, le pidió a su hijo que fuera por su mamá porque no volverían a ver un incendio de esa magnitud, ni de esa rareza por los colores que producían los químicos. Fue una respuesta sorprendente, digna de un hombre con sabiduría, evidenciando en ella la grandeza y el poder que yace en el aceptar que la vida simplemente es como es y que esta  seguirá – con nuestro permiso o sin el- su rumbo por encima de nuestras pequeñas voluntades egoicas. La existencia lleva un orden que, aunque desconocido, puede llevarnos a donde nos hemos propuesto por caminos mucho más creativos que lo que nuestras mentes pueden crear, así que es mejor montarse en el bus en vez de ser arrastrado por el.

Ni podría decir que tuve o tengo la humildad y confianza que tuvo Edison frente a la desgracia que evidenciaba, pero es un ejemplo de fortaleza que nos permite visualizar que la responsabilidad de nuestra reacción depende de la visión que le pongamos a la circunstancia que afrontamos y no al evento por si mismo.

Si miramos en retrospectiva la vida de las personas que han hecho historia por sus logros, sean empresarios, líderes mundiales, científicos, artistas y/o estrellas de cine, notaremos que han recibido golpes de la vida en algún momento y que no los juzgamos por los retos o problemáticas que afrontaron, en lo contrario los admiramos por haber superado las dificultades y haber salido victoriosos. El héroe que ha prevalecido es uno de los más apreciados personajes de las historias que nos contamos, y ¿Qué más es un héroe sino una persona que desde sus circunstancias ha superado los demonios de su propio ser y los golpes que han recibido en sus propias historias?.

Con certeza, a todos, la vida nos ha dado un par de garrotazos, lo que marca la diferencia no es la naturaleza de nuestras tragedias, como nos gustaría creer, es la determinación de seguir adelante y encontrar la fuerza para no ser definidos por un singular evento ya que en la grandeza del universo es menos que insignificante.

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