Una oportunidad para el Distress Debt

Con la esperanza de la recuperación económica puesta en la eficacia de la tan esperada vacuna, existen nuevas oportunidades para invertir en créditos en dificultades de alta calidad.

En los meses transcurridos desde que la pandemia COVID-19 sacudió la economía global, el crédito se vendió (en general) después de los cierres económicos y de la escasez de liquidez. Este fenómeno favoreció principalmente a los prestatarios con grandes capitales, negocios resistentes a la pandemia y garantías a cambio de liquidez para sobrevivir.

Los créditos de muchas empresas de menor capital han sido y seguirán quedados atrás. Las necesidades de liquidez y otros riesgos empresariales podrían provocar una nueva y gran ola de impagos y reestructuraciones, creando a su vez un terreno fértil para la inversión en créditos en dificultades (distress debt). Hemos entrado en una recuperación económica cuestionada, donde anticipamos ver a los prestatarios con necesidades agudas de liquidez y una corriente de reestructuraciones de deuda corporativa que se extenderá por mucho más tiempo.

En última instancia se enfrentarán a un entorno marcado por el acceso limitado a la liquidez en medio de la incertidumbre sobre la recuperación económica. Esto podría proporcionar oportunidades significativas para que los inversionistas que tienen la sofisticación y los recursos puedan incursionar en este tipo de inversiones complejas, pero de rendimientos atractivos.

La mayor oportunidad en el crédito en dificultades se refleja en el crecimiento de los segmentos del mercado crediticio que ahora son vulnerables a las reestructuraciones. Según el Reporte de Estabilidad Financiera del Banco de la República de noviembre del 2020, la cartera vencida comercial a agosto del 2020 presentaba un aumento real anual del 13,8%, donde el sector agropecuario, minero y de transporte tienen los índices más altos de cartera riesgosa sobre cartera total cercanos al 25%. Las perspectivas del Banco indicaban que “es incierto el grado en que el choque (en su magnitud actual) se reflejará en deterioros en la calidad de la cartera ya que la experiencia histórica indica que períodos de recesión tienden a coincidir eventualmente con aumentos de la cartera vencida.”

Debido al crecimiento de la cartera bruta comercial cercano al 8% en los primeros meses del año 2020 la mayoría de la nueva deuda se emitió con convenios débiles y grandes ajustes del EBITDA y fue en su mayoría absorbida por el sector financiero. En el mismo Reporte del Banco de la Republica opina que “un ritmo de recuperación más lento que el esperado podría tener fuertes impactos sobre el volumen de crédito y la rentabilidad de los establecimientos de crédito”

Ahora que se anticipa un fuerte aumento de los impagos, vemos tensiones significativas no sólo para estos prestatarios del mercado medio, sino para los tenedores de su deuda. Por diseño, el sector financiero no está equipado para llevar a las empresas a través de la reestructuración, y no pueden seguir manteniendo la deuda degradada y en default. Creemos que esto representa una oportunidad para inversores que están dispuestos a asumir los riesgos y participar en quiebras, reestructuraciones y transacciones de soluciones de capital.

En 2020, aunque los esfuerzos de alivio fiscal han ganado tiempo para algunos sectores, en general el gobierno y el sistema financiero no puede hacer mucho más para resolver el problema de las empresas que se quedan sin dinero.

Aunque muchos pueden recurrir a patrocinadores financieros en busca de ayuda, una parte considerable no tendrá más remedio que involucrar a los socios financieros. Esto está creando una importante y creciente cartera de oportunidades de inversión, particularmente para las empresas medianas que necesitan capital en el rango de $3 millones a $5 millones de dólares. Un fondo de distress debt podría asumir la financiación de un número importante de estas empresas medianas y pequeñas que conforman la mayoría de las empresas del país.

Cada una de estas empresas tiene una historia única con respecto a las dificultades que ha experimentado, sus necesidades de capital, balance, garantías y perspectivas de recuperación en un entorno económico altamente incierto. La mayoría busca trabajar con un proveedor de liquidez experimentado y de alta reputación, donde los fondos de distress debt tienen una ventaja clave en la consecución de recursos y la ejecución de inversiones en las empresas con mayor probabilidad de éxito

Estos fondos prefirieren inversiones donde tengan influencia en el proceso y negocien estrictos convenios, con el objetivo de proteger sus derechos en todos los escenarios. Favorecen los créditos que pueden consolidar industrias o hacer inversiones de capital. Las empresas que tienen como objetivo establecerse para lograr el éxito en plazos inciertos de varios años, en lugar de simplemente reducir una breve escasez de liquidez. Aquellas que necesitan socios de capital que puedan colaborar a través de los inesperados vaivenes de la recuperación, incluso si las cosas no van exactamente hacia lo planificado.

Aunque los términos precisos de la recuperación en todas las industrias y empresas no están claros, se hace un esfuerzo significativo en invertir en empresas donde se favorece los fundamentos de largo plazo, aunque el COVID-19 haya tenido un impacto profundo e inmediato en las operaciones. En términos generales, el esfuerzo de esta industria está puesto en empresas que están bajo un estrés considerable pero que tienen una alta probabilidad de soportar la crisis.

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