La curva de aprendizaje

Cada día es más evidente que cambiar duele y aunque desde nuestra experiencia siempre hay algo positivo en el cambio, también tenemos muy claro que es un proceso incomodo lleno de incertidumbre, confusión y en muchos casos del idealismo del pasado.

Lo que es evidente hoy es que el cambio ya no es una opción, como debimos cambiar nuestras rutinas cotidianas para hacer frente a las nuevas reglas de conducta ciudadana, de igual manera debemos adecuar nuestras empresas, nuestras industrias y como consecuencia de lo anterior nuestra economía a la nueva realidad.

En muchos casos esto ha significado un recorte de costos y gastos para acoplarse a la pérdida de más o menos 50% a 60% de las ventas, según el promedio de 15 industrias no esenciales. A su vez, minimizar costos para muchos ha exigido el desagradable trabajo de despedir a nuestros colaboradores con las implicaciones emocionales y morales que esto conlleva. Dicho esto, estudios extensos han comprobado que cortar costos a través del recurso laboral no es siempre efectivo a los objetivos de la empresa. Esto no justifica el desperdicio de costos cuando hablamos del cuarto asistente del VP, lo cual no solo es ineficiente sino insostenible en el tiempo.

En el mediano plazo pensar en capacitar y reubicar a nuestra fuerza laboral es una mejor manera de gestionar la transformación de la empresa. Esto no es solo porque los despidos significan una pérdida de la curva de aprendizaje que es tan costosa como dispendiosa en términos de tiempo, sino también porque muchos de los cambios que debemos hacer están aquí para quedarse. Los nuevos procesos que implementemos deberán ser liderados por personas que están comprometidas con la empresa y que conocen nuestras operaciones de manera íntima para no tener el doble trabajo de capacitarlas sobre nuestra organización.

En el 2017 se estimó que más o menos 375 millones de empleos formales, o el 14% de la fuerza laboral reportada, tendría que cambiar de trabajo o adquirir nuevas habilidades antes del 2030 para acoplarse a los cambios propios de la automatización e inteligencia artificial. Es importante tener en cuenta que los retos que afrontábamos pre COVID solo se han exacerbado en esta nueva realidad, lo que nos exige que tomemos medidas más ágiles para que estos cambios necesarios sean lo menos traumáticos posibles para nuestras organizaciones.

En ese orden de ideas, antes de comenzar a recortar costos por medio de la fuerza laboral primero preguntémonos cuáles son las nuevas habilidades que necesita mi empresa para afrontar los retos que se aproximan. Por ejemplo, puede ser que parte de mi equipo administrativo se esté viendo corto de trabajo como resultado de las bajas ventas, esto significaría que la necesidad primaria que tengo es fortalecer mi proceso comercial. En vez de despedir el equipo que ya conoce mis productos y/o servicios, (afectando mi flujo de caja con liquidaciones) para tener que enganchar personas del área comercial que se demorarán en aprender que hago y como lo hago, puedo pensar en redireccionar este recurso humano a través de nuevas capacitaciones. En muchos casos la curva de aprendizaje de una nueva habilidad es mucho más corta que la curva de aprendizaje de una nueva organización.

Un claro ejemplo de esto han sido los bancos, que después de entrenar a su personal en procesos de cara a cara con sus clientes, han tenido que capacitar a sus operadores no solo para gestionar contacto telefónico y/o virtual, sino también para generar nuevas soluciones a las problemáticas actuales, como por ejemplo la re-financiación de los créditos que en muchos casos solo lo hacían equipos especializados.

Les sugerimos que cuando estén pensando en una restructuración de costos no seamos cómodos en simplemente recortar el recurso humano, es una estrategia que mal hecha nos puede costar más de lo que creemos ahorrar. Comencemos por alinear las nuevas necesidades de la empresa, entender cuáles son las habilidades que vamos a necesitar para lograr estos objetivos, buscar dentro del equipo las personas que podrían desarrollar estas nuevas herramientas y ponerle un costo en tiempo y plata a este proceso. De esta manera podremos realmente empezar un proceso efectivo de cambio dejando atrás la angustia del momento y pensando en los objetivos de manera clara.

Todas las empresas necesitamos adecuarnos a esta nueva era, nuestra propuesta es que iniciemos los procesos de transformación profunda desde a dentro y que recordemos siempre el valor de las curvas de aprendizaje, para que estos cambios los hagamos con buena compañía y en clara conciencia del futuro que se nos avecina.

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