La disciplina del cambio

En estos últimos meses hemos comenzado a ver la inundación visual y auditiva de las imperativas palabras: “Transformarse”, “Resiliencia”, “Reinvención” entre muchas otras palabras que no solo generan algo de frustración por su vaguedad conceptual sino porque es una orden que no tiene instrucciones y esto genera aún más angustia en la confusión cotidiana que está plagada de preguntas y pocas respuestas.

Comencemos por decir que sabemos de primera mano que afrontar cualquier tipo de cambio es para valientes. El ser humano es desde su misma naturaleza reticente a todo lo que se salga de su cómodo mundo, donde nos han vendido la idea de tener todo bajo control. Tenemos calendarios, alarmas, viajes comprados 12 meses antes, planes a 5, 10 y 15 años, estadísticas, análisis, algoritmos, patrones de comportamiento y proyecciones a largo plazo. Millones de horas hombre diariamente dedicados a darnos la falsa idea que todo lo sabemos y que podemos forzar los resultados que deseamos porque el mundo nos debe la recompensar de nuestros esfuerzos.

Y como dicen por ahí “Va usted a ver y no”

Repentinamente, la persona que amamos se enferma, la empresa cambia de plan estratégico y no somos necesarios, se inventan Zoom y Skype se vuelve un mito del pasado, nos caemos en la ducha y se nos olvida quienes somos, o más loco que todo esto, un pequeño virus se vuelve una pandemia y todos nuestros magníficos planes de crecer nuestras empresas, llegar a nuevos mercado, cerrar negociaciones de suministro a largo plazo con clientes internacionales se desaparecen en cuestión de horas y nos vemos recluidos en nuestros hogares viendo un ciclo sin fin de noticia que día a día se desmienten las unas a las otras.

Es cierto que todos sabemos que esta brusca y dolorosa realidad nos exige un cambio profundo y ágil, pero fue hasta hace poco que un cliente, justamente frustrado y asustado por el futuro de su empresa y su familia, nos preguntó con desgana a que nos referíamos con “Transformarse” cómo finalmente nos dimos cuenta de algo que es cada día más evidente: No sabemos que significa cambiar y desde esta verdad ya estamos en problemas. Trabajamos toda la vida exactamente para no tener que cambiar, nos dedicamos a arraigarnos a nuestras maneras, a nuestras creencias, a la vida que tanto esfuerzo nos ha costado y se nos olvida la fragilidad de todo lo que nos rodea. Lo que significa que en el momento que más claridad nos exige no podríamos estar más aturdidos.

En el mundo pre–Covid, 9 cada 10 empresas fracasaban en los primeros 6 años de operaciones, haciendo el promedio de vida empresarial alarmantemente corto, esto nos permite concluir que la adaptación al cambio y la capacidad de las empresas de responder a los retos ha sido pobre aún en tiempos mejores. Arreglar esta circunstancia es algo sobre lo cual ya no podemos teorizar, es nuestro deber aprender a cambiar de manera continua, fluida y en lo posible con la mente clara así sea con los ojos cerrados, porque en esta realidad o en cualquier otra Darwin siempre ha tenido la razón: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella que se adapta mejor al cambio”.

Entonces, he aquí un kit de emergencia de los primeros pasos de un cambio cuyo objetivo es acoplarnos a la realidad actual para consolidar un nuevo modelo de negocio de acuerdo con el hoy que nos corresponde, ya habrá tiempo para soñar y crecer cuando hayamos parado el desangre y nos podemos levantar sin tambalear.

  1. Reconozcan el core de la empresa, para que son realmente buenos y en la medida de lo posible definan para que son únicos, porque solo la excelencia en cada uno de nuestros productos y/o servicio nos van a permitir llegar a un nuevo puerto.
  2. Hagan un presupuesto base cero. Esto significa que TODOS los egresos están puestos sobre la mesa para revisión y escrutinio público. Todas las sustentaciones que comiencen “Pero es que nosotros siempre hemos…” bótenlas a la basura. La justificación de cada costo y gasto debe estar basada en la realidad actual y en la capacidad de generar ingresos de empresa HOY, no mañana.
  3. Compórtense como un equipo, no hay tiempo para culpabilidades ni aguas sucias. Están montados en el mismo bote y la única manera de seguir adelante es remando para el mismo lado. Más adelante habrá la oportunidad de ver quien se quiere bajar, pero por ahora destaquen lo mejor de cada uno, escuchen las opiniones ajenas de manera abierta y recuerden que en una pandemia apocalíptica para nuestra forma de vida todos somos sobrevivientes y nadie tiene las respuestas perfectas. Piensen como grupo, que el colectivo enfocado hacia un mismo objetivo siempre será más capaz que el individuo aislado.

Si logran hacer estas tres cosas ya se habrán ganado la primera medalla del cambio que siempre es la más elusiva.

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